Febrero 19, 2014

Aquellas Lentejas

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Aquellas Lentejas

Ese día yo desperté al gallo. Ni rastro de la pereza que me ataba al catre cada cameladora madrugada. Empezábamos la cosecha de la lenteja y dispares cuadrillas se apiñaban ya en la árida tierra, a la par que otras se apeaban con desgana de los destartalados carros, dispuestos todos a recoger a golpe de hoz, el fruto amarillento que el inicio del verano regalaba. El suave horizonte ajeno a cualquier elevación apenas perturbado por un incipiente sol, firme promesa de sudor para todos.

Voces cantarinas rompían la madrugada cuajada de mujeres a las que la coquetería les permitía mostrar levemente los ojos, protegiendo la albura de su aun joven piel, hombres con viejas camisas vistiendo sus fuertes brazos y cubiertos con holgados sombreros de paja, que escasamente evitaban el calor.

Risas, chistes y suspiros, canciones, versos y oraciones… todo para aliviar la penosa tarea.

– Callas mucho hoy.

Y es que desde la noche anterior, todo estaba ya dicho: – Padre, me quiero casar.

-Bueno hija, ya tienes edad. Este año el jornal de las lentejas será para tu casorio. Septiembre es la mejor fecha. Por San Miguel, si la cosecha es buena, celebraremos los esponsales.

Seudónimo: Fermina Viñuela (Mª Evangelina Mateos González, La Zarza – Badajoz)