febrero 19, 2014

De Lentejas Sé un Rato

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De Lentejas Sé un Rato

Salvo mi abuela enjuta y retorcida sobre su eje como olivo centenario, nadie daba un duro por mí. De feo que era ni querían besarme. Nací inesperado, tardío y enclenque. Mi madre quedó seca tras el alumbramiento. Era tal su barriga que todos barruntaban mellizos. Fue el primero de los engaños: apenas ocupaba en aquel abultamiento.

Sin armas para luchar, fue una beata la suministradora del líquido de sus rentables ubres por las pocas sobras de mi familia.

Pero más que crecer, menguaba y el doctor averiguó que aquello tenía apenas leche, más bien vulgar agua del manantial. ¡Vaya con la beata!

Mi abuela sufría de verme llorar y dándome todos por perdido, que poco más se podía perder, hizo una pasta con lentejas que habían sobrado y agua clara, que a eso ya estaba hecho mi paladar. Lejos de escupir, era tal el ansia que ávido y con gusto ingerí la humilde papilla. A hurtadillas cada día, entre leche aguada de cabra, cucharada para adentro. Y de enclenque a canijo, de canijo a menudo y de menudo a pequeño.

Así es que de tetas poco sé, pero de lentejas… de eso sé un rato.

Seudónimo: Fermina Viñuela (Mª Evangelina Mateos González, La Zarza – Badajoz)